Nada es gratis en la vida

Nada es gratis en la vida…

Existe un dicho en inglés que dice más o menos así: “There Ain’t No Such Thing As A Free Lunch” (cuya sigla es TANSTAAFL) y que, traducido literalmente, significa: “No hay tal cosa como un almuerzo gratis”. En casi todos los idiomas en los que lo busqué, existe alguna versión de esa frase y esto no es casualidad (como comentario, mi versión favorita es la que da nombre al tema Nada es gratis en la vida del Cuarteto de Nos).

Hace mucho tiempo que la humanidad se dio cuenta de que todo tiene un costo. Incluso antes de que existiesen los sistemas de intercambio de valor supimos decidir si ir o no tras una presa evaluando si el esfuerzo realizado era suficientemente compensado por la recompensa obtenida.

Con el paso del tiempo fuimos desarrollando la economía y este concepto, que en algún punto de la historia, pasó a materializarse en una frase, terminó por reducirse (para la mayoría de la gente) hasta una simple referencia monetaria. Nada más alejado de la realidad.

Es importante entender que esas palabras explican nuestra realidad en innumerables situaciones. No solamente debemos abonar una suma determinada para obtener cierto producto o servicio, también debemos, por ejemplo, dejar de lado una salida para terminar ese informe que hay que entregar al día siguiente o elegir sacrificar unas horas de estudio para poder mirar un capítulo más de la serie que estamos siguiendo. Muchas veces, incluso, el costo es combinado: me pido una hamburguesa doble con cheddar y panceta, la bajo con una pinta de IPA y lo pago con la billetera, el hígado y las coronarias. ¡Las veces que habré pagado con resaca la fiesta de la noche anterior! Ejemplos como esos hay miles y podría seguir enumerándolos hasta aburrir al lector más paciente, pero lo importante es empezar a separar las palabras costo o precio del concepto de dinero.

Acá es cuando aparece el concepto de costo de oportunidad. Este término, acuñado en 1914 por el economista y sociólogo austríaco Friederich von Wieser, nació también en el campo de la Economía, haciendo referencia a aquello de lo que se priva un individuo al elegir otra cosa (particularmente aplicado a las inversiones). Una vez más nos encontramos con una idea cuya aplicación excede el campo de lo monetario. Si volvemos al párrafo anterior, podemos ver que las situaciones enumeradas son ejemplos claros de costo de oportunidad: en todos los casos elijo dejar algo para conseguir otra cosa.

A esta altura más de uno debe estar preguntándose por qué sigo intentando alejarme de la aplicación económica de estos conceptos si, en definitiva, este artículo apunta a un público claramente interesado en las inversiones. Ya te imagino pensando: “¿te pagan por palabra?” o “¿estás intentando ver cuánto aguanto tus vueltas hasta que dejar de leer el artículo? No. La respuesta es más simple: si uno quiere empezar a invertir, elige dejar de hacer otra cosa a cambio. Nada es gratis en la vida.

Es fundamental encarar las inversiones con la mentalidad adecuada. Muchas veces hemos oído decir que “el mercado es azar” y frases similares porque quienes las dicen nunca invirtieron o, cuando lo hicieron, fue sin la formación adecuada. El costo de invertir lo vamos a pagar siempre: podemos pagarlo con tiempo de estudio antes de empezar a meter plata o perdiendo el dinero al invertir sin entender el mercado. La elección es de cada uno.

La clave radica en encontrar cuál es el costo de lo que queremos conseguir y evaluar si estamos dispuestos a pagarlo. Una vez que nos familiarizamos con esa metodología, las elecciones se vuelven más simples (no, no dije fáciles, dije simples). En definitiva, si uno no encuentra el costo de algo, no está buscando lo suficiente.

Con respecto a las inversiones, lo primero que deberíamos hacer es estudiar el mercado en el que nos estamos metiendo. Si bien todos los mercados tienen muchos puntos en común, hay sutilezas de cada uno que es bueno conocer si tenemos pensado incursionar en su campo. Nadie está diciendo que con suficiente estudio vamos a poder predecir con exactitud el movimiento del precio de un activo, pero lo que sí podemos conseguir es ponernos del lado de las mayores probabilidades. Si a esto le sumamos una buena gestión de riesgo podremos, a la larga, estar en ganancias.

En definitiva, todas estas líneas tienen como finalidad dejar en claro un concepto muy importante: si uno quiere empezar a invertir, la primera inversión debería ser en conocimiento. Solamente entendiendo en dónde nos estamos metiendo es que vamos a conseguir salir en ganancias. No hace falta pagarse el curso más caro de la academia más prestigiosa, alcanza con empezar por contenido gratuito para ir familiarizándose con las inversiones y con los mercados en los que queremos participar. Una vez que tengamos una buena base, podemos profundizar con contenido pago, tal vez con algo accesible como un libro, para luego ir escalando en dificultad (y precio).

Y, por supuesto, cuando digo “gratis” sólo me refiero al costo monetario… recordemos que:

Nada es gratis en la vida y el precio casi nunca está expresado en dinero.

RodriDP

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